Asunción hoy está en terapia intensiva. No es una frase exagerada. Es simplemente mirar alrededor con honestidad. Calles destruidas, desagües insuficientes, basura acumulada, infraestructura colapsada, tránsito caótico y, muy importante, pérdida de competitividad frente a ciudades vecinas.
Y, quizás lo más grave, una sensación colectiva de resignación.
Nada de esto apareció de un día para otro. Es el reflejo acumulado de años de malas gestiones, improvisación, falta de planificación y desconexión entre la administración municipal y la realidad que vive el ciudadano.
Mientras el sector privado siguió invirtiendo, construyendo y apostando por la ciudad, la infraestructura pública quedó cada vez más atrás. Eso genera desgaste y pérdida de confianza. Y cuando una ciudad pierde confianza, pierde inversión, empleo, talento y futuro.
Por eso las próximas elecciones municipales no deberían analizarse desde la simpatía política ni desde slogans vacíos.
Asunción ya no puede esperar más. La ciudad no necesita alguien que llegue a “aprender”. No necesita un intendente que pase el primer año entendiendo “dónde está parado”. No necesita discursos. Necesita gestión. Necesita alguien que comprenda la gravedad del momento desde el día uno.
Porque administrar hoy Asunción no es recibir una ciudad estable. Es recibir una ciudad críticamente deteriorada. Y en terapia intensiva no se puede poner al frente a alguien que todavía tiene que familiarizarse con el paciente. Se necesita experiencia, capacidad de ejecución, equipos técnicos sólidos y, sobre todo, una visión clara de cómo recuperar la ciudad.
La discusión ya no debería ser ideológica.
Debería ser profundamente práctica.
¿Quién tiene la capacidad real de ordenar financieramente la Municipalidad?
¿Quién entiende de infraestructura urbana?
¿Quién puede coordinar con el sector privado en lugar de enfrentarlo?
¿Quién puede devolverle competitividad a Asunción?
¿Quién puede transformar recaudación en obras concretas?
Asunción todavía tiene enormes oportunidades. Tiene ubicación, dinamismo económico y un sector privado que sigue apostando. Pero necesita recuperar algo esencial: capacidad de gestión.