Durante muchos años, una de las principales ventajas competitivas del Paraguay fue su estabilidad macroeconómica. Esa previsibilidad permitió atraer inversiones, desarrollar proyectos de largo plazo y posicionar al país como un destino cada vez más atractivo para el capital local y extranjero.
Hoy quienes desarrollamos proyectos inmobiliarios enfrentamos una situación que merece no solamente nuestra atención, sino también nuestra voz.
No cuestionamos que el tipo de cambio deba responder a la oferta y la demanda. Tampoco pretendemos establecer desde nuestro sector cuál debería ser el valor del dólar.
Lo que sí debemos señalar es que los movimientos cambiarios extraordinariamente rápidos generan consecuencias muy concretas sobre quienes invertimos, construimos y generamos empleo.
El desarrollo inmobiliario tiene una particularidad: una parte muy importante de nuestras ventas se realiza en dólares, mientras que la mayoría de nuestros costos se paga en guaraníes.
Cuando el guaraní se aprecia fuertemente, nuestros costos medidos en dólares aumentan automáticamente. Eso afecta márgenes, precios y, fundamentalmente, decisiones de inversión.
Pero existe además una cuestión que debemos plantear.
Cuando el dólar experimentó movimientos alcistas que generaban preocupación, vimos una participación activa del Banco Central buscando moderar las fluctuaciones. Frente a un movimiento extraordinariamente importante en sentido contrario, la actitud ha sido diferente.
Podemos discutir las razones técnicas. Podemos hablar de fundamentos macroeconómicos, flujos de capital, exportaciones, tasas de interés o contexto internacional.
Pero para quien debe decidir hoy si comienza un proyecto de USD 10, 30 o 100 millones que terminará dentro de cuatro años, existe una palabra mucho más importante: previsibilidad.
La construcción no puede reaccionar de un día para otro. Cuando lanzamos un edificio fijamos precios, compramos terrenos, contratamos obras y asumimos compromisos durante varios años. Frente a movimientos cambiarios de esta magnitud, el desarrollador termina teniendo cuatro alternativas: aumentar precios, reducir márgenes, incorporar mayores contingencias o directamente postergar inversiones. Ninguna beneficia al Paraguay.
Y aquí creo que también debemos hacer una autocrítica como sector.
Tenemos que salir a buscar los micrófonos
Durante demasiado tiempo los empresarios nos acostumbramos a hablar cuando alguien nos pregunta. Esperamos que un periodista nos llame. Esperamos que nos inviten a una entrevista. Esperamos que nos sienten en un panel. Esperamos, en definitiva, que alguien nos ponga un micrófono enfrente para recién entonces explicar lo que está sucediendo.